Saber que tu destino es ser una marioneta no de dios (ja concepto por cierto que ni sabes si es real o si alguien sin importar quien, lo metió a fuerza en tu cabeza que ahora que lo piensas tiene una aterradora fragilidad) sino de alguien más que nunca alcanzaste a percibir del todo bien, de eso que pensabas era un dejavu, un fantasma, un recuerdo atrapado dentro de ti, o sepa diablos que mil cosas pensaste alguna vez.
Y te preguntas. A veces con miedo, a veces con gracia, a veces hastiado de ti, si existirás, si dejaras una huella de tu paso por lo que sea que tu mundo es, si tu imaginación y tu libre albedrío es solo una quimera mas de las muchas que si alcanzaste a percibir. Y te ries y sueñas con que tu dios tenga un dios también, que igual tenga miedos y fantasmas, que igual piense en su existencia como algo que va a terminar, y esperas se ponga a temblar.
Es raro saberse inventado por un fantasma que sabes va a desaparecer.

